Cuando el amor y el mal gusto se unen
Ir a una boda es un acontecimiento importante en la vida de cualquier persona, sobre todo si se trata de algún familiar o un amigo cercano. Como todos los eventos importantes en México, el asunto se vuelve un ritual y las fronteras de lo romántico se pierden entre lo exótico y lo ridículo.
Seámos honestos, el mexicano pierde la dimensión de las cosas y confunde el ” buen gusto” con lo barroco y hasta lo kitsch.
El hecho que dos personas se quieran y hayan decido unir sus vidas para “siempre” (o al menos mientras les dure la calentura), es un motivo para celebrar en grande, evidentemente, eso traducido en términos coloquiales significa tener el varo suficiente para pagarte una parranda memorable: comida de lujo, música cool, vestido de novia decente, frack o smoking ad oc, salón previamente decorado e iluminado y tener luna de miel aunque sea en una playa cercana; si no cuentas con los recursos para financiar los gastos que genera una evento de esta magnitud, mejor no te cases, te lo advertimos, esa vieja, rara y naca costumbre de buscarte padrinos hasta para los zapatos, ya pasó de moda.
Así que pensando en todas las bodas que nos hemos soplado a lo largo de nuestra vida, tenemos que develar la neta de las cosas que nos cagan y que esperamos nunca volver a ver:
Los grupos musicales multitudinarios que durante la década de los 70′s y 80′s hicieron la delicia de chicos y grandes sobre todo por los cantantes con vocación de locutor y las coristas al más puro estilo de Magarita la Diosa de la Cumbia, que hacía suspirar a los tíos pervertidos y a los novios malacopa.
No, ahora eso está pasado de moda. Bienvenidos DJ’s del mundo.
Y qué decir de esas costumbres bizarras donde los novios reciben dinero por bailar con los invitados como ficheras de congal.
Los interesados para tener acceso al selecto y pudiente grupo, pasan a la pista y les cuelgan billetes a los novios lo que les da derecho a bailar con ellos hasta que se acabe la canción…o hasta que llega otro(a), lo que ocurra primero, para cederle el turno; el objetivo es: hacer arte objeto con los novios, disfrazarlos de arbolito de navidad y forrarlos en lana, literal.
El invitado que ponga el billete de más alta denominación recibirá trato especial en la fiesta y se ganará el respeto de los asistentes por su generosidad.
Bailar La Víbora de la Mar, es también una costumbre que por alguna extraña razón pasó de ser una ronda infantil propia de los niños de kinder, a las bodas mexicanas, para darles este toque de folclor que nos caracteriza. Si lo analizamos bien, se trata de un ritual cruel: siempre hay una mujer con instinto salvaje (generalmente las primas) que toma la iniciativa dispuesta a cobrar venganza por los años de abuso y discriminación que ha sufrido y tiene la firme intención de tumbar a todas las participantes con una violento látigo humano; todo esta extraña dinámica de convivencia termina evidenciando a las solteronas de la fiesta que están listas para hacer lo que sea por un ramo de flores, este sirve a su vez como oráculo: quien se lleva el ramo será la próxima en casarse.
Y qué decir del novio quien tiene que ser lanzado y manoseado por los invitados, en un intento por demostrar cuan divertidos pueden ser…
La idea central es emular un velorio paseando al marido y quitándole la ropa a lo largo del recorrido en el salón; aunado a esto será lanzado por los aires, para darle más emoción al ritual; inminentemente el novio terminará en el suelo o en el cielo (colgado de una lámpara).
La comida en las bodas es algo que se padece terriblemente, en primer lugar porque complacer el paladar de todos los invitados es imposible y porque nadie confía en la calidad de trecientos platillos servidos simultáneamente.
Hay menús quemadísimos: La papa-pera, por ejemplo, el quesocrema en forma de bola de helado, pechuga cordon bleu, crema de champiñones y los tradicionales cuernitos. Eso va para las piñatas, ¡no para una boda!
Después de esta larga lista de tradiciones naco style podemos concluir que en definitiva tenemos que cambiar. Todo radica en la evolución y la innovación: ya aceptamos el matrimonio entre personas del mismo sexo, apoyamos la legalización de la mariguana, ahora es tiempo de desechar los viejos rituales nupciales y empezar una nueva historia.































